Cultura del Emprendimiento

"No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse" – Walt Disney

1.3. Ensayo sobre las competencias del emprendedor y la importancia de la ética en todas las dimensiones del ser.

EMPRENDEDOR: UN ESTILO DE VIDA

 

 

Para desarrollarse como un emprendedor, hay que hacer una juiciosa introspección acerca de nuestra visión y misión en la vida; o bien, enfrentarse a un hecho que nos saque de nuestro estado de comodidad y nos ponga ante un dilema: tomar o no tomar el riesgo. Si nos remitimos a las referencias brindadas por los autores, hay personas que, por su carácter, su personalidad y su formación, pueden llegar a ser emprendedores y por ende empresarios exitosos. Estas consideraciones me llevan a preguntarme ¿el emprendedor nace o se hace?

 

El emprendedor tiene rasgos de comportamiento muy especiales, es independiente, aspira a tener un nivel de vida que supla todas sus necesidades, busca su realización personal, es innovador y analítico, es aventurero y acepta los riesgos que acompañan la iniciación de una empresa; por su parte, una persona que no tiene ese espíritu de iniciativa, prefiere las cosas seguras, depende de un trabajo remunerado, tiene funciones específicas que no le implican mayor responsabilidad; a no ser que se vea enfrentado a un hecho que pueda sacudirlo, como puede ser un despido, recorte de personal, una modificación de su entorno que implique tener que renunciar a una labor mecanizada y autómata, alguno hecho que desencadene un rápido reaccionar y contemple la posibilidad de hacer su propio camino, de esta forma lo plantea Silva, Jorge (2012, p. 55)[1].Nuestro nuevo emprendedor deberá sortear obstáculos como lo son la selección de idea de negocio, el capital para financiarse, el desconocimiento de su entorno o su propia falta de conocimiento para poder iniciar su labor.

 

La forma en la que pueda maniobrar con los recursos de los cuales dispone, es en gran medida determinada por su educación y los patrones que a lo largo de su vida se ajustó a seguir. En los primeros años de vida, nuestros modelos conductuales están dictados por nuestros padres y por nuestra enseñanza básica, son ellos los referentes o los ideales de cómo construir nuestra propia vida. Hemos visto reseñas de casos en los que los empresarios siguen con tradiciones familiares que han perdurado por generaciones en las que ellos mismos se encargan de levantar económicamente su familia y forjar un futuro para las generaciones venideras, todo, porque esa fue la forma en que fueron educados.

 

A través de la educación, la experiencia y la interacción con nuestro grupo social construimos nuestro conocimiento, nuestros valores y nuestra inteligencia emocional; todos estos son elementos cruciales a la hora de descubrir si tenemos iniciativa para aventurarnos a construir con nuestras propias manos, nuestra empresa y nuestro futuro, o si por el contrario, somos presas del miedo y simplemente nos dejamos arrastrar por la derrota, un dilema que es necesario e interesante afrontar.

 

El análisis de nuestro entorno es una pieza clave a la hora de engendrar nuestro proyecto, es necesario el análisis de la situación, tanto personal como externa, del entorno y de nuestro posible equipo de trabajo. No podemos olvidar que es a través del capital humano que el conocimiento se convierte en activo fijo, en patrimonio y fuente de nuestro desarrollo; y que es este mismo grupo de personas, las que hacen posible que nuestro clima laboral sea ideal y tengamos siempre una motivación para empezar un nuevo día. Es evidente y lógico que en un lugar donde pululen las malas prácticas, los hechos deshonestos y las acciones que atenten contra nuestra moral, el fracaso esté anunciado.

 

El ser empresario implica una gran responsabilidad, para con nosotros mismos y para con la comunidad de la que somos parte. Ser empresarios significa ser gestores de cambio, pero no solamente económico, sino personal y educativo.

 

La motivación que nosotros brindemos a nuestros congéneres para superarse a sí mismos, reconocer sus talentos y habilidades, darles la oportunidad de cultivarlos y diversificarlos no solamente les va a representar una mejor calidad de vida, sino también a nosotros una ventana hacia la expansión y evolución de nuestro proyecto.

 

El emprendimiento es un estilo de vida que cada uno de nosotros descubre, es una posibilidad que es intrínseca a nuestra forma de ser, a nuestra formación o quizá surja como una oportunidad circunstancial, se puede nacer, o se puede aprender por el camino, depende de la motivación y el propio análisis de nuestra conciencia y motivación. El emprendimiento siempre va a ser una posibilidad latente, en tiempos de globalización y de crisis, siempre podremos tomar una vía alterna y sobrellevar los retos a los que nos enfrentamos, en el experimentar y conocer está la riqueza de vivir.

 

 

 

 

 

 


[1] Silva Duarte, Jorge Enrique. (2012). Emprendedor. Colombia: Alfaomega Colombiana

 

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